9 abr. 2010

A mí también me duele España (sin querer ponerme a la altura de quien dijo la frase)

Todos habremos oído hablar de las dos Españas. Los dos bandos enemistados que desde antes de la Guerra Civil (tenía que salir el temita... y encima nada más empezar) han mantenido una pugna insuperable que se mantiene hoy día. Esta visión de nuestro país me parece, con respeto a todos los sabios, eruditos e intelectuales que así opinan, una farsa.

España, este difícil país nuestro, no hay más que uno. El hecho de que seamos el pueblo más fratricida de Europa, el que más guerras civiles ha tenido en su historia, significa que las dos Españas no son más que una característica más de la única España que, nos guste o no, existe. ¿Qué significa esto? Pues significa que el incorformismo, el debate que sobre España se ha mantenido todo este tiempo es tan español como la paella, el vino de la Rioja, las sevillanas, la jota y la sardana.

También es españolísimo el localismo y el amor a la patria chica. Por lo que he podido constatar a lo largo de mis veinticinco años, todos los españoles, sean de donde sean, aman su ciudad o su región fervientemente. Es posible que estén más o menos hartos de su lugar de origen, como yo mismo, que estoy cansadísimo de Cádiz. Eso no quiere decir que, llegado el momento, pueda defender a Cádiz hasta extremos insospechados e incluso exagere las maravillas de mi ciudad para los foráneos. Todos, absolutamente todos, hacemos alarde de la tierra que nos vio nacer.

Esto me lleva a pensar en la exaltación de la patria chica llevada a su última expresión: los nacionalismos. España lleva sufriendo (no entendáis este verbo como algo negativo, como padecer, sino simplemente como contemporizar, que puede ser negativo o no dada la situación) el nacionalismo desde el mismo día en que pudo considerarse un país, de facto o de iure. Mi humilde opinión es que España no puede entenderse sin ellos. El debate sobre qué es nuestro país está ahí desde su nacimiento, y parece ser que nadie ha podido o ha querido darle respuesta.

Los nacionalismos no son más que una muestra más del carácter localista español. La existencia de los nacionalismos catalán y vasco, muy importantes a nivel no sólo español, sino europeo, ya que son la envidia de otros grupos nacionalistas del continente, donde raros son los casos en que tengan el peso que aquí tienen (salvo Escocia y algunos pocos más), forman parte de la identidad española. El hecho de que esto forme parte del carácter español hace que nuestro país sea (en mi opinión, que no soy ningún experto) difícil, muy difícil, para gobernarlo y para entendernos a nosotros mismos. Vivimos en un país en el que se prohíbe a los partidarios de los que usan las armas presentarse a las elecciones (como debe ser) pero perdonamos a aquellos que las usaron (como no debe ser).

Y antes he dado con la palabra clave: identidad (del latín, "idéntitas-tatis"). Volúmenes y volúmenes sobre la cuestión de qué es la identidad se han escrito a lo largo de la historia por diferentes especialistas en la materia. Antropólogos, sociólogos, filósofos, políticos, todos han querido participar del debate. ¿Podéis creer que, después de tanto tiempo, sigue sin llegarse al acuerdo de qué es la identidad? No hay ningún grupo humano de más de unas pocas personas, ni aquí ni en ningún lado, para los que su país signifique lo mismo. Ni siquiera encontramos tal grupo de personas que vean su país de la misma forma. No obstante, está claro que el humano es un ser individualmente social, por lo que necesita alguna referencia, algo con lo que sentirse identificado. De esta necesidad de identificacación surge todo, la patria (que no el país), el nacionalismo, tanto grande como chico, el sentimiento de pertenencia...

Hay dos prototipos de español (a grandes rasgos y generalizando hombre), concordando con las Españas que según algunos existen. Aquellos que enarbolan la patria y hacen de la bandera, el himno y los demás símbolos sucedáneos de deidades merecedoras de su adoración, y los que reniegan de toda representación oficial del país y toman sus propios símbolos. Los primeros son para los segundos lo que todos conocemos como fachas (palabra que ha perdido todo su valor en España), y a la inversa, los segundos son para los primeros unos totales antipatriotas, y ellos mismos se consideran superiores, los auténticos españoles, como si aquél que no realizara ofrendas a la bandera no pudiera ser tan español como ellos.

Como es imposible no situarse en alguna posición, yo, sintiéndolo muchísimo y dejando de lado la imparcialidad con la que hasta ahora creo haber escrito, voy a ubicarme en uno de estos dos bandos. Pretendo hacer una crítica, aunque pocos de los que critico leerán esto, creo.

¿Por qué, adorador de telas y falsos ídolos, te crees más o mejor español que yo o cualquier otro que no acepte tu patriotismo casi religioso? Tú te sientes orgulloso de la historia de España, de la conquista de América y del imperio, de las glorias militares, de la amplitud de nuestra lengua, del ejército, de la familia real, del poder económico, de la influencia y del poderío internacional. Yo, que considero todas estas cosas superficialidades y tonterías, me siento orgulloso de nuestros cinco idiomas oficiales, de nuestras autonomías políticas, de que los gays puedan casarse, de que los minusválidos reciban ayudas del gobierno, de que nuestro país dé el 0'7 reclamado por la ONU para los países del tercer mundo, de que seamos pioneros y de los más importantes países en producción de energía eólica, de nuestra diversidad cultural, de nuestro estado plurinacional (visión personal)... ¿que es menos patriota? Creo que no, tal vez sea menos nacionalista. Con esto indico, para mí, que cualquier tipo de nacionalismo, éste o aquél, carece totalmente de sentido. Pienso, humildemente, que de separaciones y exaltaciones está la historia llena, y nunca han hecho más que aumentar los odios.

Y es que parece que hemos olvidado, en este país, que el nacionalismo no es sólo de las comunidades autónomas, ciudades o regiones, también una política estatal puede ser nacionalista.

En mitad de un proceso de unificación como es la Unión Europea, se da la reacción contraria de los que quieren separarse en toda Europa (Bretaña, Escocia, Cataluña, País Vasco, Transilvania...). Creo que sería más bonito que todos siguiéramos un camino común (aunque entiendo lo de los escoceses, con esos vecinos...). La UE es un buen paso, aunque personalmente creo que se está haciendo bastante mal.

Sería muy bonito que todos supiéramos compartir la tierra en la que vivimos y avanzáramos juntos, por ejemplo eliminando las fronteras. Y esto no es sólo para los gobiernos regionales, sino también para los estatales, que deberían tener la valentía de ceder sus competencias a un organismo supraestatal.

En fin, no sé si podría seguir hablando de este tema, supongo que todos podríamos, ya que levanta pasiones allá donde se mencione, pero es tarde y estoy cansado, así que, creyendo haber dejado mi postura y mi opinión bastante clara, os dejo.

Ya de paso... ¡¡República Federal!!

6 comentarios:

  1. Ciertamente vivir en Cataluña sin ser nacionalista ni hablar catalán tiene bastantes incomodidades y las injusticias del día a día hacen enrojecer a más de uno sea o no sea catalán si tiene un mínimo de dignidad. Veáse por ej cuando la demostración de seguridad en un avión partiendo de Alemania con destino a Cataluña se pone en Inglés y Catalán pero no en Castellano y Alemán, o viniendo de Canarias el mismo caso. Los alemanes dicen que los españoles están locos, los españoles razonables ponen cara de verguenza y los nacionalistas aplauden. En fin. Spain is still different. El que quiera leer más sobre el tema lo tiene en el enlace de abajo. Está en inglés, idioma que cualquiera que ha pasado por el sistema educativo público catalán deberá dominar a la perfección, al igual que el castellano y el catalán. Al menos eso es lo que dicen los políticos. :/ (serán burros)

    http://socyberty.com/languages/the-daily-inconveniences-of-nationalism-in-catalonia-spain/

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  2. Me parece muy bien pero, sin faltar al respeto, L'Alberto, espero que esto no se convierta en el clásico debate contra el nacionalismo catalán o vasco, ya que el que yo pretendo criticar es más bien aquél que nadie critica nunca, el estatal o nacional, o como quiera llamarse.

    Gracias por dar tu opinión.

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  3. Argh!

    Cómo dueles, España jodía. Me muero...

    (Ah, no, perdón, que me había atragantado con una espina).

    Parece mentira que sigamos con esto: Garzón, el Cabañal... Abres cualquier periódico y ahí están, plaf! Las dos Españas dándose de hostias.

    Demasiado rencor, creo yo. Empieza a resultar ridículo.

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  4. Te voy a dar mi opinión, que sea de filosofo o no, ya se lo dejo a otros, jeje.

    En primer lugar, de entrada, el concepto "identidad" o "identidad cultural" para mí es negativo. Si bien es cierto que dependerá del punto de vista que se adopte, una de las cosas claras de la identidad cultural es su sentido de exclusión. "Somos nosotros porque no somos los otros". Los políticos, militares y religiosos (menudos tres...) se han servido desde que el hombre es hombre de esa identidad para afianzar su liderazgo sobre la comunidad de individuos. Así pues, aquellos intentos de crear una cierta identidad cultural -como tratan los nacionalismos de cualquier talla y color- tienen a priori la intención de hacer partícipe a un grupo de una misma idea para así que sean más facil de manipular y controlar. Una idea que se basa en algo visceral y que su mayor objetivo es siempre la distinción.

    Ahora bien, dada nuestra socialidad, es imposible no ser partícipe de la identidad que arrastra un pueblo durante siglos si es en el que nace y crece. Uno puede decir "no, es que yo soy cosmopolita, ciudadano del mundo, yo no creo en fronteras"... pero cuando llega el mundial de fútbol (por poner un ejemplo llano) ahí lo veras, con la masa, sintiendose identificado con un cierto pueblo.

    Eso por un lado, porque me apetecía hablar un poco sobre la identidad cultural, algo muy interesante. Centrándonos en España, esa identidad, como tu dices, está distribuída entre los localismos. Y por encima de esos localismos hay un grupo "localista" a nivel nacional, los "fachas". Su sentimiento de 'amor' a su España, es el tipo de sentimiento que puede tener un etarra a su Euskal Herria. Son ambos víctimas (voluntarias, por supuesto) de esa dominación fácil y visceral que provocan los nacionalismos.

    Dicho esto, se apropian de símbolos y otras historias por la misma razón por la que lo hacen otros nacionalismos: por pura exclusividad. Yo tengo "El toro" y si a tí te gusta ese símbolo pues eres como nosotros, sino eres un antipatriota. Esta todo dentro de una política de exclusividad. Yo, como tú, me siento español por los motivos que tú dices y la bandera que tenemos no me parece ni mal ni bien. Sin embargo, ellos se han echo con el más poderoso de todos los símbolos de los que se puede hacer un nacionalismo, a saber: ellos han tomado como símbolo la frase "Yo soy español", excluyéndonos a todos los demás.

    Y lo más triste es que muchos se lo han creído...

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  5. Serás cerdo! Me parto el lomo comentando y no pones una triste palabra... Desde mi experiencia bloguera te digo que... así no, Bernardo, así no.

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  6. jejeje, vamo!! para el comentario que pones cabronazo... qué debate has abierto?? qué opinión has dado?? jejejejje, asco me dan los comentarios así!!! jejejje

    mua!!

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