7 feb. 2010

¿Qué puede aportar un videojuego al arte?



Cuando mi compañero de piso me decía "los videojuegos son el octavo arte" yo reía y lo negaba con rotundidad. Llegó el día en que apareció en mi vida el Shadow of the Colossus, y tuve que agachar la cabeza arrepentido de las carcajadas y las negaciones.

La trama del juego es clásica y sencilla. El héroe quiere devolver la vida a la chica guapa. Para ello debe superar unas pruebas. En este caso es un dios el que le pone las pruebas, que no son otras que eliminar a diferentes colosos repartidos a lo largo y ancho de un espacio en concreto.

Pero no quiero que esto sea un reportaje de la Hobby Consolas ni de ninguna otra revista de videojuegos.

En primer lugar, debo hablar del excelente trabajo que han hecho con los decorados. A lo largo del juego nos movemos por desiertos, lagunas, bosques, prados, montañas, cuevas, templos... podemos subir a unas torres (que sirven para guardar la partida) a mirar las vistas, y la verdad es que merece la pena echar un rato en maravillarnos con los paisajes que nos rodean. El decorado es muy variado, pero tiene una característica común: la desolación. Nos movamos por donde nos movamos, la soledad y el silencio son los protagonistas.

Los enemigos pueden ser tanto zoomórficos como antropomórficos. Todos y cada uno de ellos te sorprende por algo: su tamaño, su diseño, su velocidad, su imbatibilidad...el más pequeño de los enemigos al que tienes que enfrentarte tiene cuatro veces el tamaño del personaje principal que manejas, el que más, la diferencia entre la estatura de una persona y el Empire State.

Y es que el juego te hace sentir pequeño. No es que veas al personaje pequeño, es que cada lucha te hace sentir como un mosquito que quiere derrotar a un elefante. Y lo mejor de todo es que acabas consiguiéndolo.

La luz es preciosa y blanca, blanquísima. Desde el cielo gris y oscuro salen rayos enormes. Muchas veces la oscuridad generalizada del juego se ve salpicada por un rayo de esta luz tan blanca. Y es que es un juego muy, muy oscuro, y no por falta de luz. Todo es misterioso, lúgubre, triste, desolador, desesperanzador...

La música es de orquesta, muy épica. Juega un papel fundamental en las sensaciones que el juego te transmite.

Y es que para mí el arte siempre ha sido estética, pura estética, al servicio de los sentimientos humanos, aunque haya tenido épocas con objetivos más sociales. Más que un juego que entretiene, el Shadow of the Colossus es una fábrica de sensaciones, es arte.

Un título que cambió por completo mi visión de los videojuegos. Otros juegos me habían dado que pensar sobre este tema, como el Dragon Quest X, o algún que otro de la saga Tenchu. Pero los acababa rechazando por algún u otro motivo.

Ahora, cuando pienso: "¿Qué puede un videojuego aportar al mundo del arte?", me respondo a mí mismo: "puede aportar el Shadow of the Colossus".

6 comentarios:

  1. Y tu va y te lo hace con guía...

    jeje, to cabron er Pablo.

    El mejor juego de la historia, sin duda.

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  2. Me han entrado ganas de jugar y todo...

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  3. No serás Candón verdad?? Me estás escribiendo en el blog con la cuenta de la unidad cabrón??

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  4. Qué grande, Bernardo. Qué puta vara me habéis dado con el Shadow of the Colossus.

    Tu blog mola "del caraho pisha" (¿era algo así?), pero no puedo creer que hayas hecho tres entradas y ninguna sea de Goku; ¿te haces mayor?

    Un abrazo

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  5. Muy bien escrito Bernardo, al final te sale trabajo en la Hobby Consola. Desconocia el juego y los videos invitan a darle a los botones del teclao para cargarte al bicharraco ese...
    Coincido con el de arriba, ya estas tardando ...

    un saludo maricona, poquito a poco

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  6. Otro que escribe desde la cuenta de los scouts?...voy a tener que asociar el blog al mundo del escultismo para triunfar...

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